casey-stengel.jpgCasey Stengel

La perfección, para la mayoría de los mortales, parece vivir en la fría percepción de los diccionarios o sencillamente en el recodo impenetrable de las esperanzas por ser alguien mejor. Desde esa óptica, se toma la falta de errores o defectos como excusa viable para ir en ascenso constante y no tropezar con la cara opuesta: la odiosa calidad humana, llena de accidentes que imposibilita el acceso definitivo al templo de lo inmaculado. Hasta aquí, va bien la reflexión. Sin embargo, la pregunta que titula esta entrega, subyace en el fanático del béisbol.
Muchas veces, hemos fantaseado con el pelotero perfecto: la capacidad de robar de Rickey Henderson, el guante de Omar Vizquel, la fuerza de Mark McGwire, la capacidad selectiva de Barry Bonds, el brazo de Reggie Smith, la humildad de Andrés Galarraga y pare usted de contar en cuanto a los atributos que se le puedan endilgar a la construcción de este espectacular androide de la pelota.
Pero, en cuanto a los estrategas, también existen en la mente del seguidor del juego diversos parámetros que, unidos, conformarían igualmente el “piloto de ensueño” objeto de este trabajo.
Ciertamente, el ser aficionado a un equipo u otro, tendría un peso importante a la hora de señalar al mejor de todos, aunque esa no sería una escogencia imparcial y por tanto no estaría dotada de la objetividad necesaria para catalogarla como opción “universal”.
Contar con un timonel conocedor de la regla y capaz de determinar, con precisión de cirujano, las fortalezas y debilidades de su conjunto para sacar mejor provecho a lo que tiene a su disposición, pudiera ser un interesante comienzo.
El don de motivador, de gran padre, consejero y “paño de lágrimas” de sus muchachos, le daría la característica humana requerida para obtener la “voluntaria subordinación” que amerita alguien desde la trinchera de los mandones. Sin embargo, mucha debilidad y cortesía resultarían un tanto permisivas en estos tiempos en los que, el salario de los atletas entre otros puntos a ser considerados, atenta contra ese principio básico de autoridad. ¿Cómo gobernar a quienes ganan más dinero?…
Si la excesiva complacencia es negativa, el exceso de disciplina también luce como una gran muralla entre directores y dirigidos. Normalmente, la autoridad en sí misma, trae algunos inconvenientes entre grupos numerosos que no disfrutan de tantas restricciones dentro y fuera de sus lugares de trabajo.
¿Un psicólogo entonces?. No radicalmente, pero si con instintos y niveles suficientes de entendimiento como para balancear las propuestas de cada individuo. No hay que olvidar que todos tienen un fin colectivo de trabajo: ganar un título de campeones.
Todo lo anterior sería una maravilla, pero sin el factor suerte como aliado incondicional sería muy duro el camino hacia las victorias, porque en el béisbol no basta con tener las piezas y utilizarlas apropiadamente según los dictámenes del juego. Para ganar, se necesita la corazonada, la presunción basada en la manera de desempeñarse en un momento específico y el espaldarazo del azar. ¿Cuántos equipos han lucido imbatibles en el papel y han sucumbido a un grupo de no tan notables, pero inspirados y cohesionados beisbolistas?. La historia está llena de ejemplos como ese.
Si resumimos, la receta debería tener paciencia, sapiencia, instinto, psicología, amistad, disciplina, “mano izquierda”, motivación y humildad para reconocer errores, al margen de la innegable necesidad de compensar y entender que son seres humanos que deben seguir, ciegamente en muchas oportunidades, las órdenes impartidas.
De sólo pensar en colocar todos estos requisitos en un aviso de prensa buscando al candidato, se pone uno a sudar al pensar en la baja cantidad de aspirantes a los que habría que entrevistar para el puesto. Quizás, si todos se atienen a las condiciones, ni se atreverían a presentarse en la entrevista.
Sin embargo, en un grado u otro, este maravilloso juego ha contado (y aún lo hace, gracias a Dios), con hombres que reúnen los méritos apropiados para ser ubicados cerca de lo ideal como estrategas.
¿Una breve lista de ellos?. Casey Stengel, Earl Waver, Tom La Sorda, Walter Alston, Bobby Cox, Sparky Anderson, Whitey Herzog, Leo Durocher, Gene Mauch, Billy Martin, Connie Mack, Tony La Russa, Preston Gómez, Joe Torre y Jim Leyland, por citar algunos “genios” en las Grandes Ligas.
En nuestro idioma, Felipe Rojas Alou, Regino Otero, Napoleón Reyes, Pompeyo Davalillo, Tony Peña, Oswaldo Guillén, Domingo Carrasquel y Oswaldo Virgil, entre otros de comprobada calidad, ilustran nuestra propuesta.
¿El mejor?, quien sabe. Sin duda, el que luego de muchos análisis logre acumular un pedacito de cada uno de los que nombramos en la lista.
¿Usted tiene algún favorito?, sólo hágalo saber. Todos merecemos escuchar, o leer en este caso, su opinión.