ruben-mijares.jpg    En la reciente temporada de beisbol profesional venezolano, me tocó compartir a nivel profesional con uno de los periodistas más emblemáticos del país: Rubén Mijares.

De amplia trayectoria y profundos conocimientos acerca de la materia beisbolística, escuchar sus planteamientos y posiciones con respecto al juego, resultó una significativa y provechosa experiencia.

En una de las emisiones, y ante la poca producción ofensiva del plantel para el que laboramos, Pastora de Los Llanos, en el ambiente se precisaba la ejecución de jugadas que levantasen el ánimo de la escuadra y le aportaran un rostro distinto a los resultados, adversos durante todo el torneo. Fue allí el nacimiento del título de esta entrega. “Aqui ya nadie toda la bola”, manifestó Mijares  en clara alusión al hecho de que, en otros tiempos, los jugadores por si mismos harían el esfuerzo para desconcertar al contrario y sacarlo de su estatus de confianza victoriosa.

“Recuerdo haber visto a César Tovar metiendo el brazo ante una recta dura de cualquiera, sólo para que le dieran un pelotazo que lo pusiera en circulación para iniciar un ataque. Eso ya no se ve, porque la mayoría está pendiente de otra cosa. El nivel de entrega hoy día es propiedad de unos pocos. Pareciera que a un jugador se le estuviese faltando el respeto cada vez que se le ordena un toque de bola”.

“Tampoco hay comunicación entre ellos. Cada quien anda por su lado y en un juego en equipo eso no es positivo. Las jugadas hay que pensarlas antes de llevarlas a cabo, porque tienes muy poco tiempo para la ejecución”. Reflexiones como esta, nos llevan hacia la postura de Rubén, y otros tantos profesionales dedicados a la cobertura de este deporte: el beisbol que se jugaba antes, en esencia, era más inteligente, más movido. Los jugadores se compenetraban más con el colectivo y su único objetivo era la victoria del plantel y no el logro individual. “Recuerdo comentarios del ‘Carrao’ Bracho y Guillermo Vento. Ellos afirmaban que cuando perdían, pasaban horas en el club house tratando de hallar una explicación a la derrota. Nadie se reía, nadie cantaba ni bromeaba con sus compañeros. era un luto absoluto por haber perdido un juego de pelota. El romanticismo estaba al 100%”.

Y no deja de tener razón Mijares cuando hace sus afirmaciones. En el juego de hoy, peloteros pequeños cuyas herramientas deberían estar dirigidas hacia movimientos rápidos y habilidosos, se empeñan en conectar cuadrangulares, porque es allí donde radica el buen dinero dentro del espectro moderno de las contrataciones.

El robo de base parece haber muerto, al igual que el robo de señas y el tan extrañado toque de bola. Cada vez vemos menos un squeeze play y nos asombramos al ver algunos beisbolistas riendo a carcajadas, cerveza en mano en algunos casos, media hora después de haber perdido un choque.

Sin duda, parte del misticismo que impregnaba al beisbol se ha perdido y ojalá vuelvan por sus fueros los “elegantes caballeros” de antaño, que daban la vida por anotar una carrera.

“Una vez estaba el Caracas dándole nueve ceros al Magallanes. Jim Pendleton jugaba en la antesala y estaban las bases llenas. Salió un rodado que Jim tomó comodamente. Cuando todos pensaban que iba por segunda a iniciar la doble matanza y poner el inning en dos outs, el ‘negrón’ lanzó a la goma para evitar la carrera. Era un juego contra el Magallanes y el blanqueo era el mejor trofeo del día…”

Visto desde esa óptica, pareciera haber sido una bonita época. Para Rubén, claramente, el pasado del beisbol fue mucho mejor de lo que hoy apreciamos en los diamantes y quienes no tuvimos el chance de ver ciertas eras, debemos aceptar los argumentos, casi irrefutables, de quienes han vivido más beisbol.

¿Qué diremos dentro de 30 años? Será este tipo de juego mejor del que veremos en el futuro. Por lo pronto, gana el beisbol viejo… no importa cuan viejo, siempre que sea anterior a este.