tovar-bracho.JPG John Carrillo, Luis E. Sequera y Carlos Tovar Bracho en Clearwater, Florida. Año 2000

En nuestra infancia, transcurrida en la maravillosa ciudad de Puerto la Cruz, en el estado Anzoátegui, nos tocaba la “ración” de beisbol los fines de semana. En esos días jugábamos en categorías infantiles con equipos como “Atléticos de Chuparín” o “Bazar El Cometa”. Eso lo combinábamos con la labor de “Recoge Bates” para la plantilla “Ince Oriente” y, aparte de los domingos, era como una bendición el hecho de que uno que otro miércoles, pautaban juegos a los que debíamos acudir, bajo el disgusto de nuestra madre, a recoger los bates.

Día tras día, y gracias a un espectacular radio transistor cortesía del “Niño Jesús”, llegábamos muy temprano a la cama… con el radio bajo la almohada para escuchar los partidos de la LVBP. Poco tardaron nuestros padres en percatarse de la causa de las “ojeras” cada vez que había extrainning.

Eran las horas de compartir, a la distancia, con las narraciones de los grandes. Uno de ellos, Don Carlos Tovar Bracho, buen hombre por convicción y gran profesional por preparación adecuada era uno de los que más me impresionaba.

Una de las cosas (de tantas) que le agradeceremos por siempre a esta profesión, es el haber podido compartir algún tiempo con este gran baluarte de la narración deportiva venezolana.

Quiso el destino que los sueños se cumplieran. Muchas cosas pasaron para que, al fin, pudiesemos narrar un juego de pelota.

Una llamada nos ubicó al lado de un poderoso staff de narradores y comentaristas, liderado por Carlos Tovar Bracho, Dámaso Blanco, John Carrillo y el hoy experimentado Carlitos Feo, quien,  como nosotros, había transitado menos camino que el resto de la plantilla.

El primer juego se presentó y el primer impacto se produjo al ver la cartelera de la radio, contentiva de la pauta semanal: narración, Carlos Tovar B. y Luis Enrique Sequera.

Preparado para recibir sus instrucciones, sencillamente  dijo: “Luis Enrique, abre tu el juego que yo voy a la computadora a chequear como van las cosas en los demás parques. En la mitad yo regreso para cerrar y tu haces lo de la máquina…”

Aún incrédulo, comentamos: “¿Está seguro?”. Rápidamente comprendió y  dijo en tono amable y didáctico: “No creas que quien abre un juego es el mejor. El mejor es el que más se prepara. Si eres bueno, lo serás en la primera y en la segunda parte. Si eres malo, también. No le hagas caso a eso y concéntrate en lo que hay que hacer…”

Esa noche, al finalizar la transmisión,  comentó: “Bien. Menos mal que no hubo extrainning. Varias cosas: no digas la hora a cada rato, esto no es un noticiario; no repitas que un bateador va a `ejercer el derecho al bate´ cada vez que llegue uno a la goma y habla más lento para que te entiendan…”

Desde ese día, tratamos de hacer lo mejor que se pueda cada vez que llegamos a un micrófono.

Hicimos una interesante amistad. Nos convertimos en su Asesor de Seguros (carrera que llevamos en paralelo al beisbol y que igualmente ha aportado numerosas satisfacciones personales y profesionales) y en la creación del Premio “DelioAmado León”, el cual organizamos junto a Martín González Delfino y su revista “La Gaceta del Beisbol”, le entregamos a Don Carlos el primero de los galardones en reconocimiento a su dilatada trayectoria.

Es casi una obligación, recordar a Tovar cada vez que algo bueno pasa en una transmisión. “Como decía Don Carlos…”, suelen repetir algunos colegas narradores que de igual forma disfrutaron de los consejos de este gran hombre de medios.

Beisbol y Boxeo, sus grandes pasiones al igual que su familia. Su hijo, Carlos Tovar Ostos también laboraba en el grupo en el cual pudimos compartir con el valenciano.

Como todo en la vida tiene su final, Don carlos nos dejó físicamente, dejando tras de si un gran legado de dicción, caballerosidad, preparación y conocimientos del juego.

“Luis Enrique… ¿alguna vez escuchaste las promociones en TV en la voz de quien hizo la primera parte?…”

Un gran comentario, de un gran conocedor del medio.

“Salud… fanáticos”.